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Guatemala en la Copa Oro: ¿Oportunismo o masoquismo?

Carlos Muralles
9 min de lectura

Todos quedamos muy dolidos él martes 6 de julio por la eliminación de nuestra Selección de la Copa Oro. Confieso que mi personal frustración no fue por haber perdido en penales, sino por haber tenido que llegar hasta ese tipo de definición contra Guadalupe, un rival que en teoría es inferior, pero al que en la práctica no pudimos doblegar.

La lista de culpables del declive del futbol guatemalteco es muy extensa, abarcando a los distintos comités ejecutivos y comisiones normalizadoras de la Federación que, por décadas, han exhibido a quienes ocuparon esos puestos como unos absolutos ignorantes sin la más mínima idea de lo que tenían que hacer, al menos, para poner las bases del desarrollo de este deporte, mucho menos para devolverle a Guatemala un nivel competitivo dentro del área.

Los dirigentes de las Ligas y los clubes también son culpables, porque son incapaces de ver más allá de la punta de su nariz y solo piensan en el hoy, olvidando el mañana, lo que les impide darse cuenta de la importancia de la inversión en las fuerzas básicas, optando por malgastar sus recursos, pocos o muchos, en extranjeros mediocres que desplazan a los nuestros aunque su nivel sea parecido o incluso peor.

A lo dicho hasta ahora también hay que agregar la corrupción, porque esta se da a todo nivel y, aunque es imposible generalizar, no son pocos los que han llegado a altos cargos solo para enriquecerse o hacer negocios turbios, lo que también convierte en cómplices a los dirigentes internacionales, sobre todo a los guatemaltecos que ocupan cargos importantes en el organigrama de Uncaf, Concacaf y FIFA, porque al final de cuentas ellos saben todo lo que pasa y simplemente cierran los ojos, pero cuando revientan los casos a nivel internacional, son los primeros en rasgarse las vestiduras y crear comisiones para sacar a unos corruptos y abrirle la puerta a otros de la misma o peor calaña.

La nómina de culpables también la engrosan los entrenadores, sobre todo aquellos que no tienen los conocimientos necesarios y, más aún, los que extorsionan a los futbolistas para “ayudarles” a ser contratados o para hacerles un lugar en la alineación. ¿Se atreverá algún jugador a denunciar hechos como ese, tal y como lo hizo Juan José Paredes hace algunos años?

Los jugadores que no se comportan como profesionales dentro y fuera de la cancha también son responsables, y en la Selección no deben olvidar que -además de sus capacidades como jugadores- también necesitamos ver el amor por la camiseta que tienen puesta, algo que, por supuesto, es más difícil encontrar en varios de aquellos que ni siquiera conocen nuestro país pero ya visten los colores azul y blanco.

¿Qué decir de la prensa? Es sencillo: el veredicto es que también somos culpables, unos porque reciben dinero para decir o dejar de decir, lo que incluye efectivo, pautas publicitarias, viajecitos y otra clase de estipendios ilegales e inmorales. Otros porque nos callamos o porque no denunciamos las cosas con la suficiente vehemencia para que se nos escuche y todo el mundo sepa la podredumbre en la que se desenvuelve el futbol de Guatemala.

Por eso decía al principio que el problema no fue perder en penales contra Guadalupe, porque esa tragedia futbolística solo fue el reflejo de lo que es ahora nuestro futbol.

Sin embargo, tres días después de nuestra eliminación, y cuando comenzábamos a darle vuelta a la página, vino el contagio masivo de Curazao y, como no podía ser de otra manera, en Concacaf se alegraron muchísimo al tener la oportunidad de dejar fuera a un equipo que no le aportaba nada y llenar su lugar con una selección que le representará entre veinte y treinta mil aficionados por cada uno de los tres partidos que jugará.

Cuando parpadearon se escuchó un sonido como el que hacen las cajas registradoras, tomaron el teléfono y le hicieron la propuesta a nuestros federativos, que seguramente solo han de haber preguntado “¿de cuánto estamos hablando?” antes de dar el sí sin ningún tipo de meditación ni reflexión.

Aquí entra, entonces, el oportunismo de Concacaf y de la Federación, que no dejaron escapar los miles de dólares que van a generar los aficionados guatemaltecos que se fajan día a día en los Estados Unidos, trabajando honradamente para su propia subsistencia y la de sus familiares que se quedaron en nuestro país.

Pero a la par de ello viene el masoquismo, porque acabamos de sufrir la humillación de que Curazao nos dejara fuera del camino hacia Catar y que Guadalupe hiciera lo propio al eliminarnos de la Copa Oro, pero pareciera que esto no fue suficiente y aceptamos entrar por la puerta de la cocina a un torneo del que ya nos habían echado, exponiéndonos a un nuevo fracaso y a hacer más grandes nuestras heridas.

De haber superado a Guadalupe, en el Grupo C nos estaban esperando Costa Rica, Jamaica y Surinam. Con estos últimos íbamos a pelear para no quedar en el último lugar del sector. Con la “amable invitación” de Concacaf, ahora nos tocará el Grupo A, en el que enfrentaremos a El Salvador, México y Trinidad y Tobago.

Más allá de intentar predecir lo que va a ocurrir, quiero resaltar lo que he observado en las últimas horas con los aficionados, que han mostrado su nobleza sin límites. Hay algunos que, igual que el mismísimo Carlos Ruiz, creen que no se debió aceptar, mientras otros creen que hay que aprovechar la nueva oportunidad, pero todos volvieron a ponerse la camiseta de la Selección y desde cualquier lado están expresando su apoyo y confiando en que podrán hacer una digna representación.

De lo que nos espera debo decir que hasta no hace mucho a El Salvador le ganábamos con los ojos cerrados, pero las cosas han cambiado y ahora es un rival que nos cuesta demasiado, por lo que no podemos aventurarnos a vaticinar una victoria. Contra México solo pedimos que Dios nos agarre confesados, y de Trinidad y Tobago hay que mencionar que ya no es el equipo poderoso de antaño, pero siempre es un adversario que se nos atraganta, por lo que, con los pies en el suelo, debemos prepararnos para seguir sufriendo.

Si existe un milagro, un eclipse, una alineación planetaria o algo parecido, en la siguiente etapa nos esperarían Honduras, Panamá o Catar para mandarnos de regreso. Eso sí, para entonces las alforjas de más de alguno estarán llenas de billetes verdes que compensarán con creces el esfuerzo diario que hacen por dirigir de manera tan brillante nuestro futbol, lo que le quita importancia a la vergüenza, el dolor y las lágrimas que nuestra noble afición tenga que derramar… ¡otra vez!

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