El futbol fue desde siempre un deporte de contacto y, por consiguiente, son habituales los choques, los pisotones y, no digamos, los empujones y jaloneos, habiendo quedado en el árbitro decidir si alguna de estas situaciones se podrían considerar como faltas.
Caso aparte son las patadas, porque la frase “dar o intentar dar” lo resume todo, sin que exista posibilidad de interpretación.
Sin embargo, en los últimos años, muchos diría yo, el futbol comenzó a parecerse más a un juego de muñecas, en el que al menor contacto los jugadores fingían entrar en agonía, contando para ello con la complicidad de árbitros a los que les miraban la cara o, peor aún, colegiados que eran “compadres hablados”.
Pareciera que la situación está cambiando, según lo que vemos en la Copa del Mundo, en donde los árbitros pueden pasar a la par de un jugador que está tirado y no le hacen caso, dándole continuidad al partido, con el agregado que, si detienen el juego, obligan al caído a irse afuera de la cancha un minuto, lo que ha disminuido este tipo de simulaciones con las que muchas veces se ganó tiempo o se indujo a mostrar tarjetas injustas a algún contrario.
Ojalá que nuestros colegiados estén tomando nota.
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Este artículo también fue publicado en la Sección de Deportes de Nuestro Diario el miércoles 1 de julio de 2026.

