No los olvidamos

Carlos Muralles
3 min de lectura

Igual que ahora, en 1996 se vivía la euforia de la eliminatoria mundialista, en aquella ocasión rumbo a Francia 98, compartiendo grupo con Estados Unidos, Trinidad y Tobago y Costa Rica.

Justamente, el 16 de octubre le correspondía a los ticos visitarnos en el estadio Mateo Flores, escenario en el que la corrupción, la codicia y la ambición convirtieron en una lata de sardinas que provocó la muerte de al menos 84 personas y cientos de heridos, todo como producto de una avalancha de aficionados que con boleto en mano pretendían ingresar a un estadio que ya estaba repleto.

Está de más insistir en que la tragedia de aquella nefasta noche no produjo ni un solo responsable que fuera a parar a la cárcel, siendo uno más entre los cientos de casos que en nuestro país quedan en la impunidad.

Hoy, al cumplirse 29 años de aquella fatídica jornada, en la que lejos de vivirse una fiesta deportiva quedamos todos en shock ante lo sucedido, queremos elevar de nuevo una oración por quienes perdieron la vida y por sus familiares, a quienes reiteramos nuestra solidaridad.

La distribución demográfica de Guatemala nos dice que más de la mitad de la población actual no había nacido cuando pasó aquello, por eso es bueno mencionarlo cada vez que se pueda, para que nuestros jóvenes no vean este tipo de sucesos como algo que pasa solo en otros lados, sino que sepan que nosotros ya lo sufrimos y es tarea de todos estar alertas para que no vuelva a pasar.

El 16 de octubre de 1996 queda marcado en la historia como un día negro para nuestro futbol, pero también como una fecha de enseñanza que debemos tener siempre en mente para no permitir que aquellos que siempre aparecen para ganar dinero fácil con sobreventa, falsificaciones, reventas y demás, vuelvan a enlutar a las familias guatemaltecas.

Quedan estas líneas como testimonio de que en Guatefutbol no olvidamos lo sucedido y que confiamos en que aquellos hombres, mujeres y niños que perdieron la vida en el estadio Mateo Flores ahora ya gozan de la vida eterna, lo que también es extensivo hacia quienes resultaron heridos, esperando que hayan logrado recuperarse en lo físico y que, junto a sus familiares y amigos, en sus corazones haya paz y tranquilidad.

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