Cierto es que en este período se logró ir por primera vez a un Mundial, pero todos sabemos que esto no fue producto de un trabajo de base sino de un chiripazo logrado por un grupo de patojos con más agallas que buen futbol y, por ahora, se ve difícil que la proeza pueda repetirse.
La ausencia de una política federativa se observa claramente en las decisiones de las ligas, cuyas asambleas o reuniones de trabajo aprueban lo que les da la gana, lo que va, en la Liga Nacional, desde eliminar de un plumazo el requisito del finiquito para inscribirse o autorizar que los equipos jueguen sus partidos en el estadio que más les convenga según el rival, hasta incrementar el número de extranjeros en la Primera o elevar el límite de edad en la Tercera División, lo que implica que no hay un lineamiento dictado por la Federación, la que permite que reine la anarquía que refleja su propia incapacidad.
